La castaña es uno de los frutos secos con menos calorías, destaca por su moderado aporte energético y una composición nutricional similar a la de los cereales.Se suele comer asadas, cocidas, en puré o en postres como el exquisito "marron glacé".
Al cocinarlas, es adecuado quitar la piel y hervir durante media hora.Si se prefiere, se pueden comer en forma de puré o en crema para untar el pan. Se hierven las castañas y se aplastan hasta obtener una pasta uniforme, a la que se puede añadir leche o azúcar.Con las castañas se elabora el exquisito "marron glacé", un postre francés con clara de huevo y castañas de gran calidad, que se pelan, confitan y glasean.El pastel de castaña o la mezcla con otros frutos secos son postres muy oportunos para estas fechas y una manera de aprovechar los excedentes de este fruto y sus propiedades nutritivas. La castaña también da un toque diferente a las compotas de frutas de temporada y es un ingrediente principal de la receta de socochones, que se cocina con leche, canela y una pizca de sal.Las castañas frescas y tiernas son difíciles de pelar, aunque un método fácil para limpiarlas consiste en hacer un corte profundo en forma de cruz en la cáscara y ponerlas en remojo durante 15 minutos en agua caliente. A continuación, se escurren, se introducen en el horno a 180ºC hasta que la cáscara se comience a curvar, sin que llegue a tostarse por dentro. Las castañas se pelan calientes. Si la piel interior no se despega, se vuelven a introducir en agua hirviendo durante 1 minuto. Se sacan y se frotan con un trapo de cocina. De este modo, ya están listas para consumir en el momento o para conservarlas en almíbar o congeladas.Aunque se pensaba que la castaña era originaria de Oriente y se introdujo en Europa durante la época de los romanos, estudios actuales confirman que los castaños ya se cultivaban en el continente en esos tiempos. Algunas referencias de la literatura sitúan la castaña hacia el siglo V a.C. en Grecia, aunque no fue hasta cinco siglos después cuando se extendió por Francia y España.
Las castañas constituían la base de la alimentación en Europa. Se consumían asadas, secas o en forma de harina, hasta que la patata y el maíz se convirtieron en dos alimentos frecuentes en el siglo XVI. Fue entonces cuando perdieron protagonismo de forma paulatina en la gastronomía popular.